Las altas temperaturas que golpean a Francia desde mediados de junio han provocado la muerte de 40 personas por ahogamiento, en su mayoría jóvenes, mientras el país enfrenta uno de los episodios de calor más severos de las últimas décadas.
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, advirtió que estos fallecimientos representan las primeras consecuencias mortales de la crisis climática que afecta actualmente al territorio nacional. Además, indicó que el gobierno prepara medidas adicionales en caso de que la canícula se prolongue más allá de lo previsto.
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Entre las prioridades de las autoridades se encuentra preservar la capacidad de respuesta de los hospitales, que han registrado una mayor demanda de servicios médicos debido a los efectos del calor extremo. También se ha reforzado la vigilancia sobre personas mayores y otros grupos considerados vulnerables.
Paralelamente, los organismos de protección civil permanecen en estado de alerta por la posibilidad de incendios forestales, tormentas severas y aumentos repentinos en el nivel de diversos cuerpos de agua.
El fenómeno climático ha marcado un nuevo récord histórico. Según datos de Météo-France, la madrugada de este martes registró una temperatura mínima nacional de 21.6 grados centígrados, la más alta desde el inicio de los registros en 1947.
La situación afecta prácticamente a todo el país. Actualmente, 54 departamentos se encuentran bajo alerta roja y otros 35 en alerta naranja, por lo que más de nueve de cada diez habitantes están expuestos a condiciones consideradas extremas por los meteorólogos.
Las previsiones apuntan a temperaturas máximas cercanas a los 44 grados en varias ciudades francesas, mientras que la ola de calor continuará al menos hasta finales de esta semana.

